Locales

¡Que día tan extraño!

 

Crónica familiar.- Aquel domingo, comenzó con un amanecer muy fresco en el distrito municipal Sabaneta. En casa, nadie se levanta después de las ocho de la mañana, nunca ha sido así, excepto por problemas de salud. Ese domingo yo no tenía ninguna actividad especial planeada.

Papa, es el primero en levantarse, enciende alguna luz y hace algunos ruidos sin intensión de molestar, hace café, mira algún programa de noticias hasta la hora de ir a su trabajo. Seguido de él, yo me levanto o a veces mama.

Aunque ese día no tenía nada especial planificado, hube que hacer ciertas cosas que no son comunes en mis días.

A las nueve de la mañana, mientras me vestía, mama me dijo, como si fuese una costumbre: -¡Oye! Quiero que vayas al mercado.- y tendió su brazo pasándome una lista de vegetales para comprar.

Salí caminando hasta el mercado, salude personas que hacía mucho no estrechábamos manos, lo que me hizo sentir muy alegre.

Compre los vegetales, sin sentir la necesidad de ver la lista porque la leí antes de salir a hacer el encargo. Regrese a casa y coloque las bolsas encima de la meseta, abrí la nevera y tome un vaso de yogurt y al colocarlo en la mesa para tapar el galón, se volteo y el líquido dibujo en la mesa una figura como de un fantasma. Solo yo supe lo que paso, ya que quien más podía notarlo estaba concentrada en otro asunto, mami, quien sacaba los vegetales de la bolsa y con un tono sofocado exclamo: -¡Dejaste lo más espero!

-¿El qué?- pregunte inocentemente.

-Las cebollas y el apio- contesto queriendo enfadarse.

Así que, volví al mercado, pero esta vez en el carro, porque se trataba de algo urgente para ella.

¡Ya si hubiese completado lo que se me había encargado, tarea cumplida!

Después salí a hablar con los amigos del barrio. Extrañamos muchas costumbres y cosas que dejamos de hacer, que el tiempo se llevó y nosotros no supimos cuándo ni cómo todo cambio.

Volví a casa y mi madre me comento que mi hermana quería ir a visitarnos pero no tenía el medio de transporte para hacerlo… Me pidió que fuera a buscarla.

Yo no quería salir lejos de casa, entre otras cosas, por no conducir porque eso me estresa mucho y me sentía «ultramegaextresado». Por eso decidí decirle a mi primo para que me acompañe y conduzca. El acepto y me dijo: -paso por ti en 30 minutos y nos vamos en mi carro-.

Mientras esperaba por el en casa, veía en la televisión un documental sobre animales. De repente mama entro a la sala a pedirme otra cosa: -ya que tú vas a la ciudad, yo debería aprovechar y mandar a comprar otras cosas que necesito para la cocina, ¿puedes traerla?

-Si- le conteste.

Otra vez me paso una lista pequeña con algunos condimentos para cocinar.

El documental duro una hora y 45 minutos, termino y mi primo no había pasado a buscarme. 15 minutos más habían transcurrido y llego un poco cansado, debido a que hubo que realizar un trabajo forzado de imprevisto y era muy importante hacerlo, según me argumento.

-¿¡Que hubo pues, listo!?- me pregunto.

Lo mire directamente a sus ojos maltratados por el sol y el viento, respire profundo y le conteste preguntando enfadado: –¿Tu qué crees?…vámonos…

Cuando íbamos, nos detuvimos en el municipio Juan de Herrera para desayunar. Mientras lo hacíamos, mi hermana me llamo por teléfono y me dijo un poco agitada: -pero que ha pasado, estoy esperando desde las 9:30 de la mañana y tú no apareces ni me hace saber nada- Yo preferí algún tipo de golpe y no escuchar aquella tronada de palabras

Le mentí para calmarla: –yo estoy cerca y te juro que no tengo que ver nada con la tardanza, hablamos ahora- y cerré la llamada

Desde ese momento pasaron 15 minutos y llegamos a su casa, ella subió al carro con sus hijas, fuimos a un súper mercado para comprar lo que mama me había encomendado, pero este ya estaba cerrado. De ahí, continuamos el camino hacia Sabaneta sin detenernos. En el coche solo se escuchaban las voces de las niñas, hablaban de lo que le llamaba la atención en la carretera.

Durante el retorno, al vehículo comienzo a fallarle la transmisión. Cuando mi primo se dio cuenta dijo con voz alterada: –Coño, hoy me la hace este…carro, me la hace-.

Yo conteste con una ironía sarcástica: –Oye, pero por aquí hay muchos talleres de mecánica, vamos a uno y así mis sobrinas y mi hermana descansan por ahí porque parece que el carro tiene pulgas y huele mal.

-No. Esas cosas me gusta arreglarla yo, papa- me dijo con un tono seco, al mismo tiempo que se les vieron unas arrugas en la frente parcialmente.

Mi hermana que llevaba una eternidad en silencio, entonces dijo asustada: -¿Entonces vamos a seguir el camino con este riesgo?

-Yo manejare la situación, no nos pasara nada malo, le conozco esa…maña. Pero de que me la hace, me la hace, si…

Tal como el había dicho, llegamos a casa sin otra cosa que lamentar. Comimos, hablamos, nos relajamos y luego yo me acostar, para descansar. Dure unos 15 minutos más o menos, luego me levante y  salí al rio para tomar aire fresco.

Eran las 4:00pm cuando todavía estaba allí, en ese momento recibo una llamada de mama: -¡Hijo, si puedes ven a casa un momento, por favor, ven!-. Me hablo como confundida.

Cuando iba del rio a la casa, me encontré con un vecino y me disparo cuatro palabras que me quede en «shock»: –oiga se murió Dariana.

-Que, quien es Dariana, cual- fue lo único que pudo salir de mi boca.

La mujer amiga suya, la hermana de Josué– me explico, haciendo un esfuerzo por calmarse.

-¿mmm, como así…y cuando, donde?– pregunte, ya sabiendo de quien me hablaba.

-U’ té, no le diga na´ a su mama, u’ té sabe como ella se pone de una ve´.- me exhortó.

-Está bien, gracia, yo voy a llegar a la casa- y seguí el camino.

Cuando llegue, mama estaba en la puerta del patio esperándome, tenía un rostro que expresaba una dudosa preocupación y me pregunto: –¿Que has escuchado decir por ahí, te dijeron algo?

Le conteste disimuladamente, como si no me lo hubiesen dicho:

Nada raro, que hoy va a llover, que el presidente se va a reelegir, que el fin de semana es muy corto y que ya casi estamos en navidad…tu sabes, lo mismo…

Disque se murió Dariana- me interrumpió.

Yo seguía sintiéndome triste y con un nudo en la garganta, no podía imaginarme todavía que aquello fuera cierto y le dije a mami queriendo darle lo que yo no tenía en ese momento, consuelo: –Tú sabes como es la gente aquí, todo lo altera, seguro se puso mal y la llevaron al hospital de emergencia.

Verdaderamente yo no creía que aquello hubiese pasado, porque hacía tres días que yo había visto a Adriana después de haber pasado nueve meses sin verla, yo la vi muy bien y ella misma expresaba que lo estaba

Arrancamos para el hospital, mi hermana y yo y en la carretera alcanzamos a Josué, quien iba en su carro hacia allá también.

Mi hermana me dijo: –parece que sí, mira a Josué, va muy rápido, como de emergencia.

Yo no dije nada y aquel nudo en la garganta no se desataba

Llegamos al hospital y vimos a Josué y su otra hermana, Gisela, desesperados, como preguntando algo en la sala de emergencia, luego ambos se abrazaron y sus mejillas se estaban empapando de lágrimas como si se hubiesen puesto de acuerdo. Ahí fue cuando comencé a creer que aquello era cierto y mi hermana y yo hicimos lo mismo.

Dariana, en mi familia era como un miembro más, siempre me quiso como a un hijo y me apoyaba en todo…según la autopsia, ella murió al sufrir un infarto. Toda mi familia se unió a la de ella en su funeral.

En medio de aquellos gritos, escuche que alguien le había preguntado a mi hermana: –Y entonces, ¿no te vas hoy?

-No- respondió.

Luego a las ocho de la noche, ella me busco y me dijo: –necesito que vayan a llevarme.

Pero dijiste que no te ibas hoy- le recordé.

Yo no quería volver a la ciudad ese día, pero «familia es familia» y algunas personas son inestables y hay que quererla así.

Llame al primo y le dije: –Wey, tenemos que volver a la ciudad a llevar a mi hermana, ¿Cómo está tu carro?

El me contesto: –Tú me estas jodiendo!! Pero ella me dijo que no retornaba hoy… ¡Ay coño! Si, el carro está bien, dile que voy en cinco minutos y que me espere lista.

Cuando regresábamos a casa, luego de llevar a mi hermana y sus hijas, íbamos escuchando Trapmusic. De repente, mi primo baja el volumen de la música y expreso: -¿Tú sabes por qué volví al pueblo? Porque familia es familia y esta fue la primera vez que lo hago y creo que la última.

-Te entiendo- Le dije.

Continuamos el camino y en una curva encontramos a alguien con su coche averiado, por lo menos esa fue nuestra hipótesis. Mi primo le paso lentamente y me pregunto desesperado: –¿Me paro, me paro? Hago lo que tú diga, dime…

Así mismo, le respondí: –detente después de unos metros.

Entonces, nos bajamos del auto y cuando nos íbamos a dirigir a donde estaba el otro carro, observamos que una mujer salía de unos matorrales a orillas de la carretera e iba hacia ese carro, mientras que un hombre desde el interior de este nos vocifero: –¿Qué pasa, tienen problemas?

Yo vocifere igual: –Tranquilo, eso era lo que pensábamos de usted e íbamos a ayudarlo.

-Muchas gracias, todo bien- tercio él.

Continuamos el trayecto hacia la casa y más adelante de donde nos habíamos parado, de repente venia un coche frente a nosotros, por el mismo carril, a una velocidad muy exagerada… En ese momento nos sentimos al borde de la muerte, el primo maniobro el carro muy rápido, no sé ni cómo, y desvió nuestro coche hacia una orilla de la carretera. El otro coche nos rebaso tan rápido y tan cerca que roso el nuestro, desprendiéndole el retrovisor izquierdo.

Si, en verdad creo que en ese momento íbamos a morir, creo que mi primo y yo estamos viviendo una última oportunidad de vida, no hay dudas…

Más adelante todavía íbamos sintiendo un mal olor a neumático quemado, nos detuvimos en una estación de gasolina y notamos que una goma estaba pichada, a consecuencia de la forma como el primo freno…

No habíamos dicho palabras hasta ese momento, en el que ambos nos miramos y él dijo: -Gracias a Dios por todo, pero por eso es que no me gusta forzar un viaje.

Yo afirme moviendo la cabeza de arriba a abajo: –Coño si, papa.

Allí, mientras cambiábamos el neumático, el primo levanto su cabeza, me miro y me pregunto: –Sabes por qué estamos vivos? Ponte a pensar a haber…

Yo le conteste, mezclando mis palabras con una carcajada: –Porque parece que no era nuestra hora, ajajajaja, Dios nos llevara en otro momento, papa…

-Anja- me segundo- y porque nos paramos cuando vimos el carro parado allá abajo- señalo el camino que ya habíamos dejado- si no nos hubiésemos detenido, ese maldito auto nos encuentra allá atrás, el chofer no iba a poder esquivarnos, allí estuvieran nuestros intestinos…

Yo proseguí: –Ufff, si… Coño, pero que domingo este. Desde temprano solo me pinta tragedias…pero démonos prisa con el neumático que está comenzando a llover y tengo hambre y sueño

-¿¡Y yo no!?- contesto entre una carcajada irónica- Vámonos… Ay Dios, que bueno que estamos vivos. Hay domingo´ que pintan tragedia´ sí.

Subimos al carro, el primo encendió el radio y la segunda canción que escuchamos antes de llegar a casa fue el reguetón «Que viva la vida» del boricua Wisin…

 

-Carlitos Jiménez.

 

 

 

 

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